viernes, 19 de febrero de 2016

Desconocimiento



Cada vez entiendo menos lo que ocurre. No entiendo nada de nada. ¡Cuánta inconsciencia! Las energías fluctúan y se mueven libres, incontroladas, imanes potentes provocan acontecimientos en cadena que estallan como planetas extintos a mí alrededor.

El pensamiento profundo, lejos de mi alcance, transmite y altera la realidad. Algo muy ajeno lo mueve, sin conciencia ni sentimientos. Actúa siguiendo leyes físicas extrañas.

Todo es irreal, pasajero, confuso.

Lo único cierto es que soy puro desconocimiento.

Nada es verdadero, tan solo es una proyección en la pantalla multicolor de la existencia que envuelve nuestros sentidos.

Somos lo que no sabemos y cuanto más ahondo en lo insondable del pensamiento, más consciente soy de mi ignorancia.

La vida, la muerte, la existencia, la disgregación, el éter, la energía, la transformación, el universo, el planeta, conceptos que hemos acuñado en nombre de no sé qué sapiencia, Eruditos de todos los tiempos crean reglas, teoremas, filosofías, anatemas, religiones, certezas que basan en experiencias experimentadas en el estudio, la ciencia…

Más tarde las cambian a su conveniencia. “Ahora sí, ésta es la buena” -se dicen convencidos de convencer a cualquiera. Se felicitan, entregan premios, conceden grandes honores en todos los campos donde el hombre se adentra, permanente descubridor de novedosas buenas nuevas.

Espejismos. Nebulosas. Proyecciones. Cero.

En realidad no saben nada. Ninguno sabemos nada más allá de la torpe labor de supervivencia que ejecutamos cada día envueltos en la ignorancia más absoluta. 

Se derrumba a nuestro alrededor la vida, el efecto mariposa transmuta el mundo, o eso pensamos. 

¿Es todo la alucinación de un cerebro enfermo? ¿Formamos parte del capricho irracional de lo que denominamos naturaleza? Natural es morir, vivir, enfermar, ser y no ser, existir y desaparecer, las catástrofes cíclicas. 

Las plagas, la aflicción y las hambrunas también forman parte de la naturaleza.

Cada vez entiendo menos esta torpe aventura que desarrolla el ser humano, más indefenso si cabe que el resto de los animales. Ellos no piensan.

Nosotros, para horror nuestro, somos conscientes de la finitud, del dolor, de la enfermedad, del hambre, de la tristeza que empaña el horizonte de las vidas, que a veces y a traición, son golpeadas con singular dureza.