jueves, 5 de septiembre de 2013

Consciencias


Soy consciente de la luz que alumbra mi camino en ráfagas artificiales o en derroche natural, consciente del aire que respiro viciado o no nutriendo mis pulmones, acepto el discontinuo devenir de la vida en altos y bajos, intrincados laberintos, precipicios que a veces cortan el camino, murallas que parecen insalvables, fértiles valles, remansos de calma, pupilas abiertas en la alborada, brazos que colman, absurdas disputas enredándose cual maléficas serpientes en la sabia del alma, torpes reflejos en noches de abusos de muerte callada.


Consciente del reflejo en las pupilas que avienta la vida y sacude con estruendo sigiloso la desgana adormecida, me recreo en la mirada esquiva, en la mano que saluda, en el vientre de una niña que apunta hacia el infinito semillero de otra vida, en el dulce acontecer y en la sacudida que altera poniendo en alerta la fuerza que proviene de la fuente, pura energía que abastece sin recato en fluida  conducción y destierra la desidia, trenza la solidaridad su danza y explota con horrísono estruendo la maldad desguarnecida. 

En este tremolar constante que sacude el infinito que se estira y que se encoge haciéndose a mi medida, paladeo cada momento degusto los mil sabores consciente de la infinitud del segundo compartido, abarco con la mirada y me empapo permeable de la lluvia errante que atraviesa sin medida, me sumerjo lúcida, valedora de caricias, amante de la verdad, paladín de la justicia, anacoreta del alma, apasionada del mar, de la muerte y de la vida.



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