viernes, 8 de marzo de 2013

Paparruchas

       


-El amor…… ¡¡bah!! Paparruchas- Se dice. -Fuego en los ojos y desprecio absoluto hacia ese tonto sentimiento que manifiestan sentir la mayoría de los humanos y que esgrimen, como el mejor arma, henchidos de orgullo-. 

-Tanto hablar del amor ¿para qué? Tantos apelativos para definir única y exclusivamente la necesidad, la dependencia, la utilización del otro: ternura, ambrosía, suave terciopelo caliente, piel de seda, mejillas de nácar.

-El amor-. La palabra sale como un exabrupto de la boca torcida por el gesto de desprecio. 

   Hundido, solo, estático, se recuesta en el banco de madera dejando apenas posar la mirada sobre la vida que resuena en las copas de los árboles, en el murmullo del estanque, en el esplendor de la hierba cuajada de miles de gotas multicolores.

 Desde el fondo de la vereda alguien se acerca, silueta de luz que atesora toda la belleza expandida en armonía

 A su paso, la vida ¡canta!.

 Sobre el banco descansa el libro que ha dejado caer con desgana. Ella posa la mirada sobre el título, él, extiende al desgaire la pierna obstaculizando su paso. Le mira un instante y sortea con pasitos cortos el pie extendido cimbreando el cuerpo menudo con una sonrisa pícara en la cara.

Según se aleja, la luz se va con ella.

-¡¡Diantres!!-Lo único que desea es seguirla, descubrir quién es, estar con ella. El corazón late trastocado, se acerca, extiende la mano y roza su piel de seda.

-¡Dios! si esto es el amor. ¡Cuánta belleza!


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